MATERIAL EDUCATIVO

ABRIL 22 ,2020   · HISTORIA DE ESPAÑA: 2º BACHILLERATO. Reinado de Fernando VII

El proceso de abolición de la Inquisición española (1808-1834)

La dura represión ejercida por sus tribunales se extendió al resto de practicas de la sociedad y la cultura española, las ciencias y todas aquellas actividades que se alejaran de la ortodoxia católica. Leer, pensar y tener opinión propia era motivo de persecución, si bien, durante los últimos años del siglo XVIII gracias a las ideas ilustradas su actividad se había visto mínimamente reducida. Sin embargo, los ecos revolucionarios llegados de Francia, reactivaron la antigua institución que perseguiría toda idea de revolución que amenazase el Antiguo Régimen. 


1ª FASE (1808-1810). España "afrancesada".

No llevaba el sello español la primera tentativa de su eliminación, sino que fue francés: BONAPARTE. Tras las abdicaciones de Bayona y con la redacción por parte de José Bonarte del Estatuto de Bayona promulgado el 6 de julio de 1808, el hermano de Napoleón decretó la abolición de la Inquisición como un signo del deseo del monarca de eliminar los aspectos más retrógrados de la sociedad española. Su artículo 98 decía lo siguiente: "La justicia se administrará en nombre del Rey por juzgados y tribunales que él mismo establecerá. Por tanto, los tribunales que tienen atribuciones especiales, y todas las justicias de abadengo, órdenes y señorío, quedan suprimidos". Se deduce, que además de la Inquisición, pretendía eliminar todo privilegio religioso y señorial lo que atentaba contra la estructura estamental. 

Imagen 1. Artículo 98 del Estatuto de Bayona, 1808.

Fuente: Congreso de los Diputados

Unos meses más tarde, el 4 de diciembre de 1808, Napoleón firmaba en Chamartín los conocidos como Decretos de Chamartín una vez rendida la ciudad frente al invasor francés. Fue publicado en el nº 151 de la Gaceta de Madrid, 11-XII-1808.

"Art. 1: El tribunal de la Inquisición queda suprimido como atentatorio a la Soberanía y a la Autoridad Civil.

Art. 2: Los bienes pertenecientes a la Inquisición se seqüestrarán y reunirán a la Corona de España, para servir de garantía a los Vales y qualesquiera otros efectos de la deuda de la Monarquía.

Art. 3: El presente Decreto será publicado, y de él se hará registro en todos los Consejos, Audiencias y demas Tribunales, para que se cumpla como ley de Estado".

Se abolía en España el Antiguo Régimen, la Inquisición y toda evidencia del feudalismo, vislumbrando también un proceso que duró toda la primera mitad del siglo XIX, la Desamortización. Así lo reflejaba otro artículo publicado en otra página del mismo número de la Gaceta:

"Art. 1: El derecho feudal queda abolido en España desde la publicación del presente Decreto". 

Pero no iba a ser tan rápido. Al llevar la firma del invasor, el grueso de la sociedad española no quiso aceptar una medida "afrancesada" por lo que no sería hasta 1813, cuando tuvieran su primer efecto sobre la España "patriota", aquella que defendía el Estado español en nombre de Fernando VII a través de las Juntas y las Cortes de Cádiz. 

 2ª FASE (1810-1814). España "patriota". 

Llevaban las Cortes reunidas en Cádiz apenas dos meses cuando redactaron el Decreto de 10 de noviembre de 1810 sobre la libertad de imprenta publicado en la Gaceta nº 95 de 15-XI-1810. El prefacio rezaba lo siguiente: "Atendiendo las Cortes Generales y extraordinarias a que la facultad individual de los ciudadanos de publicar sus pensamientos e ideas políticas, no sólo un freno a la arbitrariedad de los que gobiernan, sino también un medio de ilustrar a la Nación en general, y el único camino para llevar al conocimiento de la verdadera opinión pública...". 

Era un Decreto tímido y más encaminado a servir de medio de expresión a políticos, escritores y todo aquel que quisiera manifestar su opinión, además de servir como instrumento de aprendizaje, información, comunicación e instrucción. Sancionaba "la libertad de escribir, imprimir y publicar (...), sin necesidad de licencia, revisión o aprobación alguna anteriores a la publicación". Algo que hoy tenemos perfectamente asumido... ¿o no?

Sobre la cuestión religiosa fue menos liberal, pues "todos los escritos sobre materia de religión quedan sujetos a la previa censura de los ordinarios eclesiásticos, según lo establecido en el Concilio de Trento". 

En la Constitución de 1812 el Artículo 12 hace referencia a la religión: "La Religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única y verdadera. La Nación la protege por leyes sabias y justas, y prohíbe el ejercicio de cualquier otra". En cuanto a los tribunales eclesiásticos, el Artículo 249 dice que "continuarán gozando del fuero de su estado, en los términos que prescriben las leyes o que en adelante prescribieren". 

Otros artículos con referencias claras a la defensa del culto católico son en los que se contempla el modo en que prestarán juramento a la Constitución los diputados, el rey y el príncipe, Arts. 117, 173 y 212. 

Art. 117: "En todos los años el día veinte y cinco de febrero se celebrará la última junta preparatoria, en la que se hará por todos los diputados, poniendo la mano sobre los santos Evangelios, el juramento siguiente: ¿Juráis defender y conservar la religión católica, apostólica, romana, sin admitir otra alguna en el reino? -R. Sí juro. (...). 

Art. 173: "El Rey en su advenimiento al trono, y si fuere menor, cuando entre a gobernar en el reino, prestará juramento ante las Cortes (...). (...) juro por Dios y por los santos Evangelios que defenderé y conservaré la religión católica, apostólica, romana..."

Por último, se hace referencia en el Artículo 366 en materia de instrucción pública, que: "en todos los pueblos de la monarquía se establecerán escuelas de primeras letras, en las que se enseñará a los niños a leer, escribir y contar, y el catecismo de la religión católica, (...)". 

Finalmente, tras largos debates se consideró que la Inquisición era incompatible con la Constitución, por lo que se publicó el Decreto CCXXIII de 22 de febrero de 1813 (Gaceta nº 29 de 6-III-1813) en el que se abolía de forma directa el tribunal del Santo Oficio. Fue otro pequeño paso, pero ni mucho menos definitivo, pues lo que se hizo fue transferir sus atribuciones a los tribunales protectores de la Fe. Por tanto, fue una reforma mas que una supresión. Otros decretos acompañaron al anterior, como por ejemplo el Manifiesto que según el Decreto CCXXIV debía leerse en todas las parroquias exponiendo las razones que consideraban la Inquisición contraria a la Constitución. (Transcripción del manifiesto completa por la Junta de Andalucía).  

Finalizada la Guerra del Francés y con la vuelta de Fernando VII se dio un paso atrás en la carrera hacia el liberalismo y volvía por todo lo alto el absolutismo y todo lo que lo representaba, anulando cualquier acción legislativa de las Cortes de Cádiz. 

Manifiesto de los Persas, abril 1814. Fuente: Página web del Congreso de los Diputados. 

Real Decreto de 4 mayo de 1814, en el que restauraba el absolutismo. Nº 70, Gaceta 12-V-1814.

3ª FASE (1820-1823). Trienio Liberal.

De nuevo y por tercera vez en algo más de doce años, se buscó anular un tribunal y una institución que iba contra los principios del liberalismo. Finalizaba el Sexenio absolutista con el pronunciamiento de Rafael del Riego el día de Año Nuevo de 1820 proclamando la Constitución de Cádiz por toda Andalucía. Se publicó la restitución del texto y la jura de la misma por Fernando VII en la Gaceta nº 36 de 11-III-1820. Se suprimía el Tribunal en toda la monarquía. 

Tres años duró la nueva aventura liberal en España, derribada por acción de la Santa Alianza y sus Cien Mil Hijos de San Luis que irrumpieron en el país en abril de 1823 al mando del duque de Angulema.

  4ª FASE (1823-1834). Juntas de Fe.

En esta ocasión el rey Fernando VII ya no repuso la Inquisición, pues las potencias de la Santa Alianza e incluso desde el mismo Vaticano nació la negativa a reimplantar la institución que empezaba a sufrir descrédito frente a la opinión pública. 

Sus acciones fueron acometidas por las Juntas de Fe de las que formaban parte la mayoría de los obispos y del clero, algunos militares y otras personas y grupos anticonstitucionales.

Se dice que la última víctima del Santo Oficio (mediante las Juntas de Fe) fue el "afrancesado" de Solsona (Tarragona) Cayetano Ripoll, vecino de la huerta de Ruzafa (Valencia) donde era maestro de escuela. En 1824 fue detenido y tras dos años de presidio, en 1826 fue condenado a morir en la horca como "hereje pertinaz" por practicar deísmo. "Víctima del furor religioso y político", así lo definía el periódico liberal La Iberia el 4-II-1864.

 A la muerte de Fernando VII en 1833 y la validez de la Pragmática Sanción que habilitaba a su hija Isabel para ocupar el trono de España, se polarizó la base ideológica del pais.

  • Por un lado los partidarios de Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey, defendían a ultranza el catolicismo y todos sus instrumentos.
  • En el lado opuesto, los realistas-absolutistas que apoyaban la causa de Fernando VII con la regente María Cristina a la cabeza, se vieron obligados a buscar apoyo de los liberales-moderados para defender el trono de la futura Isabel II.

En el contexto de la Primera Guerra Carlista, durante el gobierno del liberal-moderado Francisco Martínez de la Rosa se publicó el Decreto que habría de poner fin al Tribunal del Santo Oficio en España. El Artículo 1 del Real Decreto publicado en la Gaceta nº 150 de 17-VII-1834 decía lo siguiente: "Se declara suprimido definitivamente el tribunal de la Inquisición". 

Un proceso que duró alrededor de 26 años con constantes idas y venidas. Más allá de eliminar una antigua institución suponía la pugna por mantener un modelo de sociedad tradicional, o establecer uno nuevo: mantener el Antiguo Régimen de base estamental; o avanzar hacia el liberalismo, la separación de poderes y los derechos sociales básicos. Se consiguó al menos desde el punto de vista del tribunal católico, pero todavía quedaban por delante varias décadas de lucha entre la tradicional sociedad estamental y la sociedad de clases. 

 

Imagen de la cabecera: Auto de fe de la Inquisición, Francisco de Goya, 1814-1816. Óleo sobre tabla.

Fuente: Fundación Goya en Aragón

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