MATERIAL EDUCATIVO

ABRIL 23 ,2020   · HISTORIA DE ESPAÑA: 2º BACHILLERATO. El proceso de revolución liberal

El Régimen de los Generales: Por qué intervinieron los militares en la política

La victoria de los generales isabelinos en la Primera Guerra Carlista (1839), les otorgó un papel político que sobrepasaba sus obligaciones y desde entonces, su presencia en la vida política española fue la tónica dominante en el siglo XIX español. Tanto moderados como progresistas recurrían de forma sistemática al pronunciamiento militar para derribar al gobierno de turno. La posición de la Corona solía decantarse por la facción moderada, postura que animaba constantemente a progresistas (con apoyo de los demócratas) a revueltas y levantamientos en armas como único medio para alcanzar el poder. Las Juntas Revolucionarias y la Milicia Nacional se convirtieron en el instrumento mediante el cual, progresistas y demócratas ejercían presión al poder establecido.

Esta circunsntacia llevó a la política española y al parlamentarismo a una paradoja por el momento irreconciliable. La forma habitual de formar gobierno debía ser como resultado de unas elecciones, en las que la fuerza o partido más votado conformaba el poder ejecutivo. Sin embargo, el proceso se invirtió. El recurso del pronunciamiento militar o revuelta popular, forzaba a la Corona a formar gobierno (en este caso el revolucionario). Una vez en el gobierno, este, convocaba elecciones y utilizaba estrategias de manipulación desde el Ministerio de la Gobernación, para que el nuevo gobierno obtuviera una amplia victoria electoral. Durante el reinado de Isabel II, hubo 22 elecciones generales, que en la mayoría de los casos vencía el partido que las convocaba. 

LOS MECANISMOS DEL PRONUNCIAMIENTO

El régimen isabelino estuvo protagonizado por la presencia de militares en la vida política. Por ello se le conoce como "el régimen de los espadones", "el régimen de los militares" o "el parlamentarismo pretoriano". El principal modo de expresión de la presencia castrense en la política fue el pronunciamiento. Era un golpe de Estado típicamente español. Fruto del descontento frente al gobierno, el general se dirigía a las tropas leyendo un manifiesto, dicho en otras palabras, se "pronunciaba". Podían ocurrir dos cosas: que el golpe tuviera apoyos suficientes y apenas encontrasen resistencia para detener y sustituir a las autoridades; o, en caso contrario, que la falta de apoyos hiciera imposible llevar a efecto una maniobra que les diera la victoria. De tal forma que, el gobierno resistía y ejercía una despiadada represión contra los golpistas a los que ejecutaba. En el mejor de los casos, estos podían marchar al exilio. 

Es importante tener en cuenta, que el militar cuando se pronunciaba lo hacía en nombre de un partido político, nunca en nombre del ejército. Precisamente, el partido en cuestión pedía al general que pusiera su espada (de aquí lo de 'espadones') al servicio de una determinada causa. La influencia militar llegaba a los capitanes generales de provincia llegando a ser sus atribuciones casi absolutas. Si lo creían oportuno, podían anular las garantías constitucionales y declarar el Estado de guerra para reducir motines y revueltas populares. 

Ramón Mª Nárvaez fue la figura destacada del Partido Moderado.

O'Donnell, destacó junto a Narváez en el Partido Moderado, aunque su postura evolucionó hacia el progresismo fundando su propio partido Unión Liberal (1854), considerado de centro. 

Francisco Serrano y Juan Bta. Topete, apoyaban al partido unionista, formando en ocasiones coalición con progresistas e incluso demócratas.

Baldomero Espartero y Juan Prim fueron el respaldo del Partido Progresista.  

PRONUNCIAMIENTOS MILITARES DURANTE EL REINADO DE ISABEL II

Año Partido Progresista Unionista Partido Moderado Carlistas
1836 Cordero, García, Gómez y Lucas      
1838     Fernández de Córdoba  
1841     O'Donnell y Narváez  
1843     Narváez  
1844 Bonet y Solís      
1848 Fulgosio      
1855 Dulce y O'Donnell      
1860   O'Donnell   Ortega
1864 Juan Prim      
1865 Juan Prim      
1866 Juan Prim y Sargentos de San Gil      
1867 Prim y Moriones      
1868 Juan Prim Serrano y Topete    


FALSEAMIENTO DE LAS ELECCIONES 

El gobernador civil de provincia recibía mucho poder por el mecanismo electoral, pues como delegado del gobierno era el encargado elegir qué alcaldes iban a dirigir el proceso de elaborar las listas electorales y configurar las mesas. Así, el falseamiento de los resultados se antojaba fácil y esta, se convirtió en la práctica habitual del gobierno para asegurarse la mayoría parlamentaria. Se institucionalizó un sistema de corrupción electoral organizado desde el propio gobierno y cuyo efectivo era el aparato administrativo del Estado, con sus gobernadores civiles, alcaldes y notables locales que presionaban para asegurar el voto a su favor. 

 

Imagen de la cabecera: Portada del libro Los generales de Isabel II. Ediciones 19, Madrid, 2016.

 

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