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SEPTIEMBRE 20 ,2019   · Historia, Arte y Ciencia

LAS EXPOSICIONES UNIVERSALES Y EL PABELLÓN DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA EN PARÍS, 1937

Para hallar el origen de estos certámenes debemos remontarnos hasta el siglo XVIII. En 1754 se funda la Royal Society of Arts and Manufactures, responsable dos años más tarde de la organización de la 1ª Exposición Industrial y Agrícola, que se convirtió en periódica desde 1761. En estos primeros años se premiaba a las mejores máquinas que desde entonces ejercerían gran influencia sobre la maquinaria agrícola. Venían celebrándose en el interior de grandes edificios o estructuras concebidas para ese fin a modo de edificio-ciudad, como un gran contenedor en el que todos los países participantes montaban sus expositores. Este fue el caso de la celebrada en Londres en 1851 para la que el constructor de invernaderos Joseph Paxton proyectó el tristemente desaparecido Crystal Palace. 

Imagen 1. Crystal Palace. Calotipo, 1851, Victoria and Albert Museum.

Fuente: The Great Exhibition of 1851 a Conmemorative Album compiled by C.H. Gibbs-Smith, p. 51.

Con el tiempo se fue modificando el escenario hasta dar lugar a un conjunto de pabellones, uno por país, en los que la arquitectura se convirtió en auténtica protagonista como imagen corporativa de una nación, ya que respondía a unas necesidades expresivas concretas. Paralelamente a estos eventos, a finales del siglo XVIII se realizó en Praga un evento de similares características, anecdótico respecto a la Londres pero reseñable por su precocidad. No queda lugar a dudas, que fue en París donde se empezaron a realizar exposiciones dedicadas a la industria de tanta o más importancia, así, entre 1798 y 1849 se realizaron hasta diez certámenes de carácter nacional. La de mayor importancia fue la celebrada en 1889 con motivo del centenario de la Revolución Francesa, en la que se construyeron la gran Galería de Máquinas y la Torre Eiffel, un alarde de la arquitectura del hierro.

La Torre Eiffel en París, o la Torre Sawyer en Philadelphia (1876), son torres panorámicas que tienen mucho que ver con la figura del espectador. En origen, estas exposiciones tenían una función instructiva industrial y geocultural en la que el espectador quedaba fascinado por el avance de máquinas e inventos. Con el paso del tiempo y gracias -entre otras cosas- a elementos de elevación como el globo aerostático con el que los visitantes podían dominar de un solo vistazo toda la exposición, el espectador transformó su identidad pasando a ser un frívolo participante de un espectáculo festivo. Como nota curiosa, la Torre Eiffel iba a ser provisional y recibió numerosas críticas desde los ámbitos culturales, sin embargo, por diversas cuestiones permaneció hasta llegar a convertirse en el icono parisino por excelencia.

Imagen 2. Fases de construcción de la Torre Eiffel, 1887-1889.

Fuente: National Geographic

En 1900 se celebró la última exposición en Francia donde empezaron a brillar las emergentes vanguardias y las manifestaciones artísticas a ellas ligadas que, hasta la fecha, habían estado alejadas de estos eventos y fue entonces cuando empezó a producirse un choque entre estos movimientos y la tradición del eclecticismo decimonónico. Desde los inicios del siglo hasta 1925 toma la iniciativa en la organización de exposiciones EEUU, en ciudades como S. Louis, San Francisco o Chicago.

La Exposición Internacional de Artes y Técnicas en la vida Moderna de 1937 se celebró en París con una situación política bastante delicada, pues todavía se sentían los ecos de la gran crisis mundial cuando, en 1932, se empieza a hablar de los preparativos. Existía una fuerte inestabilidad política y económica debido a la rápida sucesión de gobiernos que sufría el país galo, unido a los pagos de la deuda heredada de la I Guerra Mundial que acentuaban la tirantez con Alemania, donde además crecía el auge del fascismo, igual que en Italia y España. Jaques Gréber diseñó un conjunto verdaderamente armónico pese a las dificultades. El eje principal era el enclave tradicional formado por la Colina Challiot, el Trocadero y el Campo de Marte formando una perspectiva simétrica que se rompía transversalmente por el Sena.

Imagen 3. Vista general del recinto de la Exposición tomada desde el Palais de Chaillot

Fuente: Wikipedia

El Pabellón Español es, ante todo, una denuncia sobre la situación que vivía el país en esos años. En un principio, el planteamiento era entrar en sintonía con la inercia general planteada por el país anfitrión de competencia comercial y minimizar las tensiones internacionales, pero finalmente se convirtió en un testimonio explícito de la guerra civil, una llamada de auxilio. El contenido artístico tiene una clara intención propagandística y está íntimamente relacionada con la situación política y social española. La historiografía sobre la arquitectura racionalista lo indentifica con la cultura del GATCPAC (Grup d'Arquitectes i Tècnics Catalans per al Progrés de l'Arquitectura Contemporània). 

Se puede decir que el pabellón espñol perseguía dos objetivos, uno ideológico y otro arquitectónico. El primero, aspiraba a hacerse notar, llamar la atención. La situación española debía ser conocida por todos y, señalaba explícitamente la lucha que enfrentaba al pueblo español. En cuanto al segundo, debía producirse una simbiosis entre continente y contenido, además de tener que adaptarse al solar irregular que le fue adjudicado. De su construcción moderna, clara, racional flexible y ligera destacaba el patio interior descubierto. Este se convirtió en el mayor atractivo del pabellón por su ruptura estilística y el abanico de connotaciones relacionadas con la más arraigada indiosincrasia española. Era toda una reivindicación a la arquitectura regional de tradición mediterránea. Cumplía una doble función de desahogo y espectáculo al más puro estilo del 'corral de comedias', marco indiscutible de la dramaturgia del Siglo de Oro. Tanto fue así que, el programa de actividades del pabellón fue la realización de veladas teatrales y literarias de clásicos como Cervantes, Lope de Vega o Calderón.

Imagen 4. Pabellón español

Fuente: Cervantes Virtual

A nivel artístico, el Pabellón Español supone una de las aportaciones más relevante de la España del siglo XX y más teniendo en cuenta el tremendo esfuerzo que supuso al Gobierno de la República la participación en un certamen en unas circunstancias tan dramáticas opuestas a este tipo de manifestaciones como lo eran las Exposiciones Universales. El interés principal era atraer a los artistas españoles de mayor prestigio nacional e internacional. Así, suenan los nombres de Miró, Julio González o Picasso,  acompañados de otros como Emiliano Barral, Alberto Sánchez, Renau y Mariano Benlliure entre otros.

No se puede acabar sin mencionar la obra culminante que acogió este pabellón. No es otra que El Guernica de Pablo Picasso. Situada en la planta baja, en el interior del patio. En ella, Picasso, recopila sus experiencias anteriores con el cubismo, el expresionismo e incluso el surrealismo. No es una pintura de historia al uso, aunque es una denuncia al bombardeo que había asolado la población de Guernica, estamos ante una obra atemporal en lo que a personajes y cronología se refiere lo que le confiere su valor universal en repulsa a la guerra y el inmenso dolor que causa. 

Imagen 5. El Guernica en su lugar original del patio interior

Fuente: El País, 80 años del Guernica

 

 La fotografía de cabecera es la réplica que se hizo del pabellón en Barcelona con motivo de los Juegos Olímpicos de 1992, (Fuente). El edificio actualmente es sede de uno de los archivos-biblioteca más importante sobre la II República. Existe además una maqueta en el Museo Reina Sofía.

 

Víctor M. Cantero

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